Durante varios años trabajé fuera de Monterrey. La vida profesional me llevó lejos; todo iba rápido, lleno de pendientes, viajes y rutinas que me alejaban de lo que realmente importa. Después de la pandemia, algo dentro de mí cambió. Reflexioné sobre lo que vale la pena, sobre lo que quiero conservar, sobre lo que no quiero perder. Y la respuesta fue clara: mi familia, lo más valioso para mí. Por eso tomé una de las decisiones más importantes de mi vida: renunciar, regresar a casa y volver a estar cerca de quienes amo.
En ese regreso nació una nueva etapa. Buscaba una actividad que me permitiera seguir aprendiendo, crear con intención y, al mismo tiempo, regalar a mi familia algo especial y personalizado. Así comenzó mi aventura: tomé cursos, experimenté con materiales, probé técnicas y descubrí un mundo que me permitió unir creatividad, emoción y propósito.
Empecé diseñando y elaborando sobres, tarjetas y pequeños detalles para cada miembro de mi familia. Quería regalarles algo único, algo que llevara intención, algo que dijera “te quiero” sin necesidad de tantas palabras.
Con cariño,
